CHECAR
Desde hace muchas lunas el verbo checar es parte del vocabulario del mexicano. De niño oía decir que el maestro checaba las tareas; normal es escuchar que un chequeo médico sea solicitado. En muchas ocasiones me he preocupado cuando no me checan la asistencia en clase.
También, cuando algún amigo decía que iba a checar, se entendía que iría a ver a la novia (como decir que tenía que registrar asistencia para que no le pusiera falta la susodicha). Por eso me sorprendió cuando, hace años, alguien me dijo que el verbo era un feo anglicismo y que era incorrecto usarlo. No obstante, en la edición de 1992 se incluyó una variante usada en otras partes de América: «chequear. (Del ingl. to check, comprobar).
1. Examinar, controlar, cotejar.
2. Hacerse un chequeo».
Por fin, al reconocer que los mexicanos no dejaríamos de checar, en la edición del 2001 se incluyó: «checar. 1 Méx. Chequear».
Aún hay quien piensa que fue mala decisión haber dado entrada a este verbo porque, juzgan, era innecesario.
Todo empezó allá por el año 400 a.C. en el Valle del Indo, cuando se inventó un juego llamado chaturanga o juego del ejército. Se jugaba en un tablero cuadrado de 64 casillas, en donde cuatro personas movían 32 piezas. Unos mil años después, en Persia se jugaba una variante conocida como chatrang. Había nacido el juego que hoy llamamos ajedrez y que los árabes se encargaron de llevar a España, de donde se difundió por toda Europa.
Una jugada clave en el ajedrez es amenazar al rey, la pieza principal. En español, esa jugada es dicha jaque, palabra que deriva de sâh, voz persa que, precisamente, significa rey. Del mismo origen es la palabra escaque que hoy nombra a las casillas del tablero, pero que también ha sido nombre alterno para el ajedrez (juego de escaques). Así aparece en este texto anónimo escrito en 1440 (tomen en cuenta que es español viejo y así lo he dejado):
“¡Onbre loco & mal rreligioso! ¿no has vergueña de rreclamar a mí en tus nesçesidades, que tantas vegadas me as ofendido por tu mal jugar a los escaques? ¡Ó, loco! ¿cómmo puedes perder tanto de tienpo en tan rruyn obra? E tú, que tanto has leýdo, bien sabes que jugar a ningúnd juego del mundo no es deuido a onbre rreligioso, mayormente a dados ni a escaques, commo sean juegos ocçiosos & sin todo prouecho, de los quales se da mal enxenplo a los otros & inducçión a fazer semejante”.
El caso es que de esto resultó que, en francés, al ajedrez lo llamaron èchecs y al jaque échec. Estas voces pasaron al inglés, en donde ajedrez es chess y jaque es check. En tierras americanas, a check le esperaba una curiosa evolución semántica.
Primero, así como en español se dice ´poner en jaque´ como ´obstaculizar´, en inglés check se usó en ese mismo sentido (ej: Heavy rains were a check on the army’s advance). Luego, las acciones para poner en jaque a las cosas indeseables, se denotaron con to check y esto se lograba: inspeccionando, verificando, observando, etc.
Además, para evitar transacciones económicas fraudulentas, se encontró que funcionaba bien aquello de que ´papelito habla´ y así nació el check (cheque), que después adquiriría propiedades elásticas y ahora “rebota” más que una pelota.
Visto así, cuando los mexicanos decidimos abrirle la puerta a to check y lo convertimos en checar, en realidad recibimos a una antigua palabra persa que, hace mucho tiempo, salió del castellano peninsular, viajó a Francia y cruzó el océano para llegar a tierras gringas. Después de este largo viaje que la vistió de nuevos significados, brincó el río Bravo y ha regresado al castellano… el que ahora se habla en México.
Como si de caballo de troya se tratase.
¿SE ESCRIBE SOLAMENTE "SÓLO" O "SOLO"?
Solo, ya sea adjetivo o adverbio, no lleva tilde según las normas generales de la Ortografía de la lengua española.
La Ortografía señala que «la palabra solo, tanto cuando es adverbio como cuando es adjetivo, así como los demostrativos este, ese y aquel […], son voces que no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación».
En la actualidad, sin embargo, ni siquiera en casos de ambigüedad es necesaria (aunque sí es admisible) la tilde del adverbio solo. Sí se considera falta de ortografía, en cambio, tildar el adverbio solo cuando no existe riesgo de ambigüedad.
FUENTE/ Real Academia Española.com
En resumen, a Solo no se le debe agregar «tílde»; sí se puede mas no se debe.
Se puede, pero con la restricción de si tal acento se usa de forma Diacrítica.
La palabra Solo se siente sola sin la compañía de su tílde.
El acento diacrítico es un signo gráfico. Es tal cual el palito escrito sobre alguna vocal.
Su chamba es diferenciar palabras que se escriben de igual forma, pero que se distinguen en su significado, categoría gramatical y pronunciación.
Su función es distinguir entre pares de palabras de las cuales una de ellas (la acentuada) es tónica y la otra (no acentuada) es átona.
La lengua inglesa carece totalmente de tildes. El castellano debería seguir su ejemplo y suprimir todas las tildes, excepto las diacríticas (él, el; qué, que…) y las distintivas (depósito, depositó…), que son necesarias y muy pocas.
Así, las faltas de ortografía acentuales prácticamente dejarían de producirse. Veamos en detalle el problema de la palabra “solo”. La palabra “solo” puede ser adjetivo o adverbio. Adjetivo: “Estoy solo en mi casa” (yo solo). Adverbio: “Esta tarde iré solo al cine” (no iré a ningún otro sitio). En raras ocasiones pueden confundirse ambos significados.
¿Qué significa Solo-Sólo?
La palabra solo puede ser adjetivo, adverbio o nombre.
Como adjetivo, significa ‘sin compañía‘, ‘soledadad‘.
Ejemplos:
Estuvo estudiando solo en la biblioteca
El animal está solo en el zoo, no hay otros de su especie
Quiere compañía porque se encuentra muy solo
Como adverbio, significa ‘únicamente’, ‘solamente’.
Ejemplos:
Solo necesitaba descansar un poco
Solo quiere un filete y un poco de pan
Llevó poco dinero: solo unas monedas
En su función adverbial, puede sustituirse por la palabra “solamente”. En el ejemplo anterior: “Esta tarde iré solamente al cine”. Si siempre el adverbio “solo” se sustituyera por “solamente”, ya no habría ninguna confusión. Todo resuelto. Las posibles confusiones se producen únicamente en el masculino. Podría existir confusión en: “Juan irá solo al cine”. Pues no sabemos si:
a) va sin compañía o b) no irá a ningún otro sitio.
En el femenino nunca se produce confusión: “María irá sola al cine”. “María irá solo al cine”. Está claro que en este segundo ejemplo “solo” es adverbio, puesto que para ser adjetivo debería emplearse necesariamente la palabra “sola”, como en el primer ejemplo, para que hubiera concordancia de género.
Cuando empleamos la palabra “solo” hablando, se presentan confusiones y no hay manera de solventarlas porque el lenguaje oral carece de tildes. Si en el lenguaje oral puede haber confusión, ¿por qué al lenguaje escrito se le exige que no la haya? Importantísima pregunta. El principio lingüístico de similitud entre escritura y oralidad establece que la escritura debe adaptarse al habla y no tiene por qué dar más información. La lengua oral es anterior a la escrita, esta solamente es subsidiaria de aquella.
Vamos a ver ahora qué dicen al respecto las últimas ortografías:
Ortografía de 1974, apartado 38, c: “La palabra solo, en función adverbial, podrá llevar acento ortográfico si con ello se ha de evitar una anfibología”. Como vemos, no exige que tenga que llevar necesariamente tilde cuando es adverbio.
Ortografía de 1999, apartado 4.6.4: “Cuando quien escribe perciba riesgo de ambigüedad, la palabra solo llevará acento ortográfico en su uso adverbial”. Hay un cambio respecto de la anterior porque exige que se ponga la tilde cuando el que escribe vea riesgo de confusión.
Ortografía de 2010, apartado 3.4.3.3: “En el adverbio solo y los pronombres demostrativos, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde incluso en casos de doble interpretación”. Y explica que “las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo. Los casos reales en que se produce ambigüedad son raros y rebuscados, y siempre pueden resolverse por otros medios, como escribir solamente en vez de solo”. En esta Ortografía, vigente actualmente, también hay un cambio respecto de la anterior porque establece que se podrá prescindir de la tilde, en el adverbio, incluso cuando haya ambigüedad.
Las redacciones de estas Ortografías no son del todo claras al utilizar el sintagma “se podrá”. De manera que la Ortografía vigente dice que la tilde puede no ponerse incluso cuando haya una doble interpretación, pero no exige que no se ponga… ni que se ponga. Los cualificados filólogos de la RAE argumentan que, gramaticalmente y en aplicación del principio lingüístico de simplificación, la palabra “solo” no debe llevar nunca tilde, porque los casos de ambigüedad son muy raros y rebuscados, en los cuales “solo” puede sustituirse por “solamente”. Pero he aquí que llegan los escritores miembros de la RAE y, argumentando razones sentimentales y consuetudinarias, ¡científicas razones!, piden el uso de la tilde en su función adverbial.
Estaban enfrentados los lingüistas funcionarios de la RAE, científicos de la lengua, contra los miembros de la RAE, los cuales en su mayoría escritores legos en lingüística. Y resulta que los sesudos filólogos no deciden, pues esta es labor exclusiva de los miembros de la Academia, que no entienden de lengua ni de sus principios científicos. Bueno, pues con respecto al grupo de miembros de la RAE, se ha aprobado por consenso la modificación del Diccionario panhispánico de dudas en el artículo que se refiere a la tilde del adverbio “solo”. Se ha buscado la equidistancia para que nadie se sintiera triunfador ni derrotado. Lo que ha decidido el Pleno es que el adverbio “solo” se tildará cuando el que escribe vea riesgo de ambigüedad.
AMBIGÜEDAD
La ambigüedad consiste en no distinguir si es un adverbio o un adjetivo, y son casos muy específicos.
EJEMPLOS:
Estuvo solo en la cafetería (sin compañía: adjetivo)
Estuvo solo/sólo en la cafetería (solamente allí: adverbio)
Quería viajar solo en tren (no quería compañía: adjetivo)
Quería viajar solo/sólo en tren (únicamente en tren: adverbio)
Cocinó solo por la tarde (sin ayuda: adjetivo)
Cocinó solo/sólo por la tarde (solamente por la tarde: adverbio)
Se vuelve así a la Ortografía de 1999. ¿Y el lector no se tiene en cuenta? Además, cabe la posibilidad de que al escribir una misma frase un escritor sienta que puede haber ambivalencia y otro escritor que no la hay. O sea, que al final la norma es que cada cual la escriba como quiera… Y de esta manera la RAE hace dejadez de funciones saliéndose por la tangente. El acuerdo alcanzado es una paz muy frágil que solo durará unos años, porque es inconsistente. Y se acabará estableciendo que la palabra “solo” nunca llevará tilde y que en caso de ambigüedad se sustituya por “solamente”, que es lo que se hace en el habla cuando se quieren dejar las cosas claras.
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FUENTES Y RECURSOS EXTRA
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2024). «Tilde diacrítica (apartado 3)». Diccionario panhispánico de dudas (2.ª edición, versión provisional).
«tilde diacrítica, uso». Fundéu.
MartJiménez, José Antonio; Muñoz Marquina, Francisco; Sarrión Mora, Miguel Ángel (2011). «Clases de palabra (I). El sustantivo y el adjetivo.». Lengua Castellana y Literatura (Akal edición).
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2023). «tilde (apartado 324)». Diccionario panhispánico de dudas (2.ª edición, versión provisional).
Real Academia Española. «El adverbio solo y los pronombres demostrativos, sin tilde».
Academia Mexicana de la Lengua. «Tilde en demostrativos».
Carmen García Bermejo. «La Academia Mexicana de la Lengua». Revista mexicana de comunicación.
Español Inmediato. «Acentuación en la palabra solo». Espin.
AMOR DEL DE ANTES
¿QUÉ ES EL AMOR?
ES MUY DE HUMANOS ERRAR
«Errar es humano», nadie pone en duda esta verdad universal.
Desde los albores de nuestra especie vivimos a expensas del error y no se ve que esto vaya a cambiar algún día.
Pero, personalmente, prefiero enfocarme mejor en el verbo errar; cuyo origen no está en el Error, desciende de la antigua y teórica palabra «ers» la cual encerraba el concepto de ‘estar en movimiento’.
De ahí, el latín abrazaría el verbo «errare» con el significado de ‘vagar, deambular sin rumbo, andar errante’.
En el mismo latín, se consideraba que vagar era apartarse del camino o lugar seguros, y por eso «errare» también tomó el sentido de ‘equivocarse, optar por un camino de mala decisión’.
El verbo llegó al castellano como «errar», ya cargado de ambos significados: el Original «vagar» y el metafórico «equivocarse».
Las metáforas no nacen de la nada, son hijas de lo que se vive. Debió suceder que las más veces, quien decidía agarrar monte para ir en busca de nuevos horizontes, terminaba siendo la cena de algún depredador o en mejor caso como esclavo de otras alimañas humanas.
Los riesgos eran muchos y por eso nació la idea de que errar… era un error.
La errancia humana es ancestral, había que ir tras el alimento siguiendo las migraciones de los animales que cazaban, había que ir en busca de fuentes de agua cuando otras se secaban, había que ir a lugares más seguros para escapar de las amenazas de otras tribus.
Había que errar… solo por curiosidad, para saber lo que existía más allá del horizonte. Así los humanos nos fuimos extendiendo por casi todos los rincones del planeta.
Hace siglos, en el norte de África, existió un pueblo conocido como los númidas. Por su actividad ganadera, no tenían un lugar fijo para vivir; cuando se agotaba el pasto se iban a buscar otras tierras verdes. De su nombre, númidas, los griegos acuñaron la palabra nómada, que hoy usamos para nombrar a quienes viven errantes y no echan raíces en ningún lugar.
Otros personajes errantes son los peregrinos, nombre que les viene del latín peregrinus,
voz derivada de “per – agrare”, literalmente, “ir por los agros, es decir, los campos», la misma raíz que encontramos en Agronomía y agricultor. En Roma, los peregrinus primero fueron los extranjeros, que habían llegado por los campos y luego los viajeros romanos que salían a otras ciudades por diferentes motivos.
Al instalarse el cristianismo, los peregrinos fueron entonces quienes viajaban a los santos lugares y a estos viajes los llamaron peregrinaciones.
En estos tiempos de modernidad, los llamamos migrantes. Su existencia prueba que la necesidad de errar no ha desaparecido. La falta de trabajo decoroso, la inseguridad, la carencia de oportunidades, los hacen dejar sus lugares para ir en busca de una Tierra Prometida que nadie les prometió. Pero la metáfora mantiene una espeluznante actualidad, para algunos, errar es su más grande error; su viaje termina con un suspiro en la soledad ardiente de un desierto, en un encuentro fatal con sicarios que los reclutan o los matan; o en una jaula, separados de sus hijos, como preludio de una humillante deportación que los hace retornar a sus lugares en peores condiciones que como se fueron.
A pesar de todo, moverse es inevitable, está en nuestra naturaleza. De no ser así, lo más probable es que nuestra especie no hubiera sobrevivido. En sus dos sentidos… errar es humano.
Muchas gracias por leer
- Nicolás CS.
- Nicolás CS.
CUANDO EL GÉNERO MANDA
El género, esa marca propia de los sustantivos y pronombres, que se evidencia en la concordancia, suele –algunas veces– marcar un cambio de significado; así, por ejemplo, una palabra como cólera
en masculino (el cólera) alude a la enfermedad gastrointestinal, y en femenino (la cólera), al estado de ánimo molesto.
El género, entonces, no solo distingue el sexo (gato/gata), sino que también establece otro tipo de relaciones, tales como, la de árbol-fruta (manzano/manzana), en donde el masculino es el árbol y el femenino es el fruto: naranjo-naranja, ciruelo-ciruela, almendro-almendra, cerezo-cereza, guindo-guinda… En este grupo también podría incluirse tilo-tila (árbol-flor) y el de camelio-camelia, este último par formado a partir del apellido del botánico moravo Jiří Josef Camel (1661- 1706).
La siguiente relación corresponde al tamaño (manto-manta). En este caso, el género masculino marca lo más pequeño y el femenino, lo más grande: huerto-huerta, bolso-bolsa, charco-charca, jarro-jarra, banco-banca…
Podrían añadirse aquí también los pares: garbanzo-garbanza y olmo-olma, que no solo hacen referencia al tamaño, sino incluso a la calidad, que se evidencia en el rasgo femenino.
Ahora, si bien la distinción parece clara, esto no es del todo así, pues tal como se recoge en la gramática académica «una huerta pequeña no es [necesariamente] un huerto, ni tampoco un huerto grande es necesariamente huerta» y que «el jarro y la jarra no se diferencian solo por el tamaño, sino también por la forma, la función, la constitución, etc.».
Pero ya no tamaño, sino oposición entre contable y no contable se da en pares tales como leño-leña, madero-madera y fruto-fruta. En estos casos, se perciben las formas femeninas como colectivos, como conjunto de.
Van también por el lado del significado, más que por el lado gramatical, las diferencias en casos de homonimia, es decir, en aquellas palabras que presentan la misma forma, pero distinta significación: el cometa (astro luminoso) y la cometa (armazón plana de caña que vuela), el editorial (tipo de texto periodístico) y la editorial (empresa editora), el cura (sacerdote) y la cura (curación), el parte (informe breve) y la parte (porción o fragmento).
Entrarían en este grupo también las que se han formado por metonimia; es decir, las que designan no solo al instrumento (la corneta y la trompeta) sino a los que tocan dicho instrumento (el corneta usado más en el ejército, y el trompeta, aunque son más frecuentes cornetista y trompetista, anulando de este modo algún tipo de confusión).
Asimismo, conviene mencionar que no siempre las terminaciones -o y -a nos llevan a establecer relaciones como las que hemos ido señalando, sino que se trata más bien de palabras con sus propios significados; así, por ejemplo, plato es el ‘recipiente de forma circular, plano y ligeramente cóncavo en el centro’, mientras que plata es un ‘tipo de mineral’, pero también ‘dinero’.
Estas formas suelen darse en las llamadas palabras parónimas, palabras que suenan parecidas: velo y vela, puerto y puerta, libro y libra, caso y casa, cosa y coso, foca y foco, pala y palo, pela y pelo, seta y seto…
Finalmente, precisamos que cosa distinta ocurre con sustantivos, tales como mar, sartén, azúcar, calor, armazón, interrogante, reuma, entre otros, que, aunque aparezcan en masculino o en femenino, no presentan un cambio de significado; por el contrario, su uso nos ofrece noticias del hablante, por ejemplo, el grado de cultura o su lugar de procedencia.
A estos últimos se los conoce como sustantivos ambiguos en cuanto al género, pero eso es otro rollo la neta.
Muchas gracias por leer, un atento saludo
- Nicolás CS.
- Nicolás CS.
¿HAIGA HABIDO?
¿Es correcto, a nivel de comunicación y escritura compartida, usar «Haiga«?
(Así honesta honestamente, mi intención es compartir mi versión de la duda; no tanto porque esté convencido de las respuestas: la respuesta lingüística, y la social más actual).
En latín, el verbo para la forma verbal haiga (haber) era Habeat.
Habeat evolucionó a «Haya«
Y también a «Haiga«
El cambio histórico y fonético favoreció a ambas formas.
(La cuestión fonética refiere a que la facilidad de pronunciación y articular la palabra, con el paso del tiempo, nos llevó por el confuso camino de Haiga)
Así como Audiat (en latín también) evolucionó a (oiga) y TAMBIÉN A «oya»
De hecho, dicha evolución está muy documentada como forma normal y abundante en la Edad media.
Por ejemplo, en textos de Alfonso X "el sabio"
Pregunta ejemplificadora: ¿Cuál es el presente del Indicativo del verbo «Roer»?
– ¿Yo roo?
– ¿Yo roigo?
– ¿Yo royo?
Pues la RAE acepta las 3
Saber el trasfondo de ciertos verbos hace de su uso una decisión más pesada.
En la Edad media convivieron muchas formas en los verbos.
TRAER: (YO) Trago
(YO) Traigo (en indicativo)
(YO) Trayo
TRAER: (YO) Traga
(YO) Traiga (en subjuntivo)
(YO) Traya
Y, con respecto a nuestra querida forma Haiga, como vemos, es una evolución totalmente lógica y formal dentro de los procesos fonéticos de analogía.
¿Por qué triunfó traiga y no traya? ¿Y haya y no haiga?
Pues probablemente por prestigio; o sea, por que las élites comenzaron a decir más una que otra. Favoreciendo la percepción de Correcta de haiga y traiga por sobre traya y haiga.
Los grupos sociales, al desarrollar sus discursos, apelan a un sociolecto cuyos integrantes comparten y que le permiten comunicarse entre sí y, en ocasiones, con los demás.
La lengua tiene un carácter social, es decir, es compartida por una comunidad. Pero hay que tener en cuenta que toda sociedad está dividida en diferentes clases sociales; cada una de ellas constituye un grupo de hablantes con unos rasgos lingüísticas determinados.
Mientras que el lenguaje es la capacidad humana de comunicarse mediante el empleo de signos lingüísticos, la lengua es la materialización de esta capacidad en una comunidad de habla.
Dado que el sociolecto es compartido por un grupo de la sociedad, el resto de los integrantes de la comunidad pueden no comprender algunos términos y expresiones que emplean los hablantes. Teniendo que recibir cual emigrantes a esos términos provenientes de la esfera alta superior, o, apegándose a su contenido léxico más cercano, continuar usando sus arcaísmos con el riesgo de sufrir correcciones por parte de las nuevas generaciones.
Decir Haiga está mal, tanto por los maestros ortodoxos de español como por la RAE. Pero si llegara a darse el caso de que todos emplearan la misma forma «haiga» y que ni siquiera se cuestionara su uso en instancias correctivas como en este blog, podríamos decir que se habría generalizado hasta alcanzar la norma culta (acrolecto)
Sin embargo, este proceso demora décadas y la forma «haya» tenida como correcta parece resistir bien el combate.
Por cierto, y porque esto sí está en el diccionario, Haiga es un coche caro y ostentoso.
Haiga se usaba con sentido irónico en el ámbito coloquial de la posguerra en España (1940-1950). Eso era porque la gente que salió beneficiada de tal conflicto fueron personas inicialmente pertenecientes a la clase media. Haciendo que su abrupta subida de esfera socio-económica llenara sus bolsillos, mas no sus léxicos.
Cuando la gente comenzó a tener dinero, llegaban a los concesinarios y decían:
«¡Deme el coche más grande que haiga!»
«Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo».
-Ludwig Josef Johann Wittgenstein
Muchas gracias por leer, un atento saludo.
- Nicolás CS.
- Nicolás CS.
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