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GRIPE GRIPOSA

 

Fragmento de DRAGON BALL SÚPER

La palabra gripe es de las nuevas: llegó desde el francés a principios del siglo XIX y, entonces, era masculina: <<el gripe>>. Habría que descubrir quién fue el recalcitrante que la feminizó; en algunos dialectos el celo llegó hasta el punto en que dejaron de decir gripe y gripa.

Esta voz la recibió el castellano del francés, que a su vez, la tomó del suizo-alemán grüpi, palabra derivada de gruppen, que en esta lengua significa “acurrucarse y temblar de frío”; situación típica de un enfermo con alta temperatura.

Ya en francés era rara: gripper era atrapar, robar, frenar -<<agripar>>— y quizá suponía que la grippe te agarraba de golpe, te robaba, te impedía funcionar.

La gripe siempre fue una enfermedad secundaria, con épica poquita, que tuvo su momento de gloria hace un siglo, cuando se hizo española. Nadie lo recordaba hasta esta peste: la historia tiene una forma muy rara de inventarse. Aquella gripe se llamó española porque en el resto de Occidente la censura de guerra la calló y solo aquí se hablaba de ella. 

En España, al chile porque el español sí es muy lo suyo, gobernantes y protogobernantes, políticos ruidosos, pusieron a rodar una palabra que podría no existir: gripalizar.
Gripalizar
es, parece, convertir la peste en una gripe. ¿Les habrá parecido que gripear, gripizar o engripar (acepción más solemne de mi abuela) no daban la talla? 

Para terminar (y como forma de contrastar el valor de una sola letra), a continuación, se muestra un renglón cuya libertad sintáctica está en tela de juicio ante el agente “Sintaxisco Gutiérrez”: 

<< ¡No puede ser, pero qué grima cuando me da gripa! >>.




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