¿Y ese nombre?

«Antonomasia quesadillera» es el nombre de este blog.
La primera palabra del título resalta una forma de escribir.
Y, la segunda, todo lo demás.

La antonomasia sirve para referirnos a algo, pero usando lo que este «algo» puede representar ante nosotros sin, necesariamente, poner su nombre de «algo».
Y, tal cual como la máquina de quesadillas, compacta todos los ingredientes del Significado en un par de parrillas y da como recompensa un platillo caliente y muy semántico.

Es la sustitución de algún epíteto por un nombre propio.

Mediante el uso de la antonomasia, se utiliza un atributo característico de una entidad individual, para poder particularizarla. Ese atributo asume entonces la función de nombre propio y, de hecho, a veces sustituye al nombre original,

Quise que dicho uso literario fuera el nombre del blog, por el uso empírico que tengo con él.
Es común para mí reconocer, memorizar o incluso aprender cosas con tan solo hacer de sus nombres hilarantes bloques fonéticos 🙂
Además de que, en mi conservada opinión, une dos partes del Juego de entendimiento lector: entre un lenguaje formal (que muchas veces puede resultar muy técnico) muy presente en artículos de ciencia o libros textuales; y el recorrido empírico de palabras que c/u de nosotros ha tenido, en donde el Significado y el Significante se unen para verbalizar nuestra versión de la realidad.




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«Los ventiladores»

Aún me acuerdo del grupo de señores de la tercera edad (viejitos) que solían reunirse en el parque cercano a mi casa.
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El que se hayan ganado su sobrenombre de ventiladores se debe a la curiosa semejanza que había entre el aparato de aire volteando hacia diferentes lados cuando presionabas el botón de la parte anterior a las hojas…



Y las bancas del parque siendo ocupadas por el equipo de señores que, como parte de su rutina de plática, en cada auto o persona que pasaba por la calle del parque ellos dirigían su mirada de un lado a otro; desde su aproximación, hasta su lejanía.

Hoy en día recuerdo bastante interesantes las pláticas que tenía con uno de ellos acerca de Jose Agustín «El Hondero», me contaba incluso que era muy su amigo en la secundaria.




SIN QUESO

El idioma, como la tortilla, se dobla, se rellena y se adapta . Se han formado dos aguerridos bandos: quienes consideran las quesadillas sin...

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